DAN Medical Frequently Asked Questions

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No Ignore su Historial Médico

El buceador era una mujer saludable, de unos veinte años que estaba buceando como parte de su trabajo. Ella era buceadora científica participando de un entrenamiento junto con su equipo. Varios buzos se encontraban en el agua practicando técnicas de reconocimiento y aprendiendo a utilizar un nuevo equipamiento en profundidades entre 6 y 10 metros. La mayoría de los buceos duraron menos de 20 minutos, y los buzos se mantuvieron en contacto con el personal de apoyo de superficie en todo momento. Luego de cada escenario de entrenamiento subirían a la superficie para un "debriefing" y conocer acerca del próximo escenario. El grupo estaba integrado por algunos miembros nuevos, por lo tanto los buceadores intercambiaron de compañero continuamente para permitir que todos pudieran interactuar con los demás. Era verano y la temperatura rondaba los 32ºC.

La mayoría de los buceadores utilizaron trajes secos, su vestimenta normal de buceo, por lo que el grupo tomó precauciones para no sufrir calor durante los intervalos en superficie. Las condiciones eran calmas y la temperatura del agua en la superficie era de 28ºC. Debido a termoclinas significativas la temperatura a los 4,5 metros era de 22,5ºC y a los 9 metros era de 18ºC. Todos los buceadores llevaban linternas y usaban máscaras "full-face". Como parte del entrenamiento, los buzos se turnaron para utilizar un nuevo modelo de casco con suministro de aire desde la superficie, para acostumbrarse a trabajar con una línea umbilical y aprender a operar el sistema de rescate de emergencia del casco. Todos los participantes admitieron estar cansados y con calor hacia el final de la sesión de buceo. Esta buceadora era el penúltimo miembro del grupo en usar el nuevo sistema de casco. Ella tuvo algunos problemas para ajustarse a la línea umbilical y pareció sentirse frustrada en varias ocasiones cuando la línea se enredó con las irregularidades del fondo. En medio de su inmersión de 10 minutos, la buceadora se quejó con el personal de superficie que se sentía extraña y sobreacalorada. Canceló el buceo, pidió que comenzaran a retirar la línea umbilical y comenzó el ascenso.

A 2.5 metros de profundidad, un buceador de apoyo, que estaba observando declaró que los ojos de la buceadora giraban hacia atrás y su cabeza cayó hacia adelante. En ese momento ella detuvo su ascenso y rápidamente se hundió hasta 6 metros donde la línea umbilical detuvo su descenso.

El buceador de apoyo comenzó los procedimientos de emergencia y otros buceadores en el agua llegaron para ayudarlo. Durante el ascenso, los rescatistas, notaron que la buceadora estaba respirando y describen que tenía el cuerpo rígido y por momentos se retorcía. En la superficie la llevaron inmediatamente hasta la costa y le quitaron su equipo. En la escena se encontraba un técnico en medicina de buceo (DMT), el cuál rápidamente le cortó su traje seco. Otro miembro del equipo contactó al sistema de emergencias médicas, le comunicaron que el tiempo de respuesta sería como máximo 15 minutos, debido a la distancia del lugar de entrenamiento. Cuando los paramédicos llegaron, el técnico de medicina de buceo les informó la evaluación realizada, los signos vitales de la paciente y las intervenciones que se le habían practicado. El técnico de medicina de buceo reportó que la buceadora había perdido el conocimiento en el agua durante el ascenso y basado en el reporte del rescatista acerca de la rigidez muscular y retorcimientos, preocupaba una posible convulsión mientras la buceadora era llevada a la superficie. Ella respondía a estímulos verbales para ese momento, y habría abierto los ojos por unos segundos cuando habló, pero fue incapaz de seguir instrucciones. Sus signos vitales (incluyendo la glucosa en sangre) fueron controlados y resultaron ser normales, a excepción de la presión sanguínea ligeramente elevada como también su ritmo cardíaco.

El estado mental de la buceadora imposibilitó una evaluación neurológica detallada, pero la preocupación incluía un embolismo arterial gaseoso, hipertermia y estado alterado de conciencia seguido a una convulsión. El suministro de gas parecía ser seguro; ninguno de los buceadores que lo había utilizado ese día reportó algún problema. Antes que llevarla por ruta a un hospital local, el personal de emergencias decidió llevarla volando a un complejo médico más grande que se encontraba a 45 millas, debido a la severidad de los síntomas. En el momento de la llamada inicial un helicóptero se alistó para salir y fue ordenado a que despegue a los pocos minutos que los paramédicos llegaron al lugar del accidente.

Durante el vuelo la buceadora estaba adormecida pero fue capaz de responder algunas preguntas. Los paramédicos notaron debilidad en su lado izquierdo, y posteriormente experimentó una convulsión que duró aproximadamente 45 segundos. Debido a la posibilidad de que esa haya sido una segunda convulsión, se le dió medicación para prevenir convulsiones posteriores, la cual la dejó muy adormecida. En el departamento de emergencias, el médico diagnosticó a la buceadora un embolismo arterial gaseoso. Este diagnóstico fue basado en el hecho de que los síntomas comenzaron durante el ascenso, dichos síntomas notados durante el ascenso pudieron haber sido asociados con una respiración dificultosa (o incluso haber mantenido la respiración), hubo una persistente parálisis unilateral y la buceadora no tenía historial de convulsiones. Una tomografía computada no mostró evidencia de sangrado interno y el riesgo de un accidente cerebrovascular era mínimo debido a su estado de salud y edad.

Fue transferida a la unidad hiperbárica y tratada en una cámara. Su adormecimiento fue todo un desafío para que el personal pudiera examinar su respuesta al tratamiento y reportaron que durante el mismo, ella sufrió 3 períodos de alejamiento temporal que duraron entre 15 y 30 segundos cada uno. Luego del tratamiento la ingresaron en el piso de neurología del hospital. Ella recibió un tratamiento adicional de cámara hiperbárica a la mañana siguiente debido al persistente déficit neurológico en su lado izquierdo. Para el día siguiente la familia de la paciente había llegado. Luego de discutir el incidente con los miembros de la familia, ella admitió a los médicos haber tenido una historia de complejas convulsiones parciales y que había discontinuado su medicación así podía ser parte del equipo de buceo. No había tenido una convulsión en años y había hecho muchos buceos recreativos sin incidentes. De las dos convulsiones que había sufrido en el pasado, ambas habían sido en períodos de estrés extremo.

A pesar de la revelación de la historia médica del paciente, el diagnóstico se dejó como un embolismo arterial gaseoso. Sin embargo, los especialistas hiperbáricos y neurólogos que trataron a la buceadora se preguntaban si sus síntomas habían sido el resultado de una convulsión complicada por una condición llamada "Parálisis de Todd" (un tipo de parálisis que puede seguir a convulsiones y usualmente ocurre en un sólo lado del cuerpo). La "Parálisis de Todd" se resuelve espontáneamente dentro de unas horas o un par de días; el tiempo promedio de resolución de la misma es de unas 15 horas.

Apoyar la sospecha de la "Parálisis de Todd" coincide con el hecho que el tratamiento hiperbárico no tuvo efecto. Los especialistas declararon que hubieran hecho el tratamiento inical en cámara aún sabiendo acerca de la historia médica de la paciente, pero que probablemente no la hubiesen tratado una segunda vez porque no había mejorías luego del primer tratamiento, y que había una explicación alternativa convincente para su estado.

Afortunadamente para esta buceadora, su condición subyacente no requería ningún tratamiento médico que no hubiese recibido. Sin embargo, este caso sirve como un convincente consejo de que su médico o compañero de buceo, esté notificado de cualquier condición médica que pueda afectar un diagnóstico o tratamiento si se accidenta mientras bucea.


© Alert Diver — 1er Trimestre 2013


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